domingo, 25 de enero de 2009

Fermoselle


Me alojo en un Hotel Rural de Fermoselle, el Marqués de Liseda. Será por la época del año o por el tiempo frío con luuvía e incluso nieve, que soy el único huésped del mismo. No sé si será por ello, pero desde luego el trato es exquisito, y la comida riquísima, sobre todo el plato típico que me han ofrecido, un cocido con una especie de botillo, típico de la zona, y que me comentan es un plato que está desapareciendo. Cada vez la comida basura y el poco tiempo que tenemos o dedicamos a la cocina, hace que se pierdan están recetas.
El pueblo está construido sobre roca granítica y ésta se encuentra horadada por cerca de un millar de bodegas pertenecientes a sus habitantes, las cuales están en su mayoría comunicadas entre ellas. Me cuentan que incluso hay algunos de esos pasillo, de tal tamaño, que iban a caballo entre ellas.
En la foto el acceso de algunas de ellas.

sábado, 24 de enero de 2009

Miranda do Douro


Tras el paseo fluvial, un paseo por el pueblo de Miranda do Douro, un pueblo que como muchos de los fronterizos con España, estaban amurallados con sus cañones apuntando al otro lado de la frontera hace unos siglos (como desde el lado español), y que en cambio sus gentes siempre han comerciado entre ellos.
Antes de la construcción de la presa que soporta la carretera que cruza la frontera, a ambos lados del Duero había unas campanas para llamar al barquero que cruzaba a gentes y carga de una frontera a otra.
Una breve estancia para degustar y comer (bueno, realmente hartarte de comer por lo generosas de las raciones) una típica receta de bacalao.

Duque


Este es 'Duque', un búho real de 13 años y algo menos de dos kilos de peso, y que vieve en la Estación biólogica internacional del Duero, y que ameniza con unos pocos vuelos a los turistas, que como yo, recorren está zona del rio en el Crucero ambiental. Un animal verdaderamente precioso, y que aunque pueda parecer domésticado, no lo es. Nos comenta su cuidador que no se puede acariciar, no sólo por el hecho de que sus plumas están engrasadas para que se mantengan permanentemente impermeabilizadas, sino porque no distingue entre un dedo humano y una salchicha. Si a ello le añadimos que pueden girar su cabeza completamente, es una operación sólo al alcance no de valientes, sino de gente con muy poco cerebro.
Por cierto, tiene las cejas como yo, largas y mirando hacia el cielo.

P.N. Arribes de Duero (III)


El recorrido en barco se hace en aguas internacionales, ya que el río Duero (o Douro en portugués) hace frontera entre ambos países, de forma que cada margen es de un país. Durante el recorrido es difícil saber que ruta va a seguir el río, ¿a babor? ¿a estribor?, ya que está totalmente encañonado, con alturas que pueden llegar a los 200 metros.
Es una zona donde habitan diversas aves, que desafortunadamente cada vez se ven menos, como la cigüeña negra o el águila real. Tuvimos suerte de poder ver en la lejanía una de estas últimas que intentaba trasportar una rama más grande que ella a su nido. Tras conseguir cazarla al vuelo tras caersele en dos ocasiones, a la tercera, las corrientes de aire le impidieron conseguirlo. Todo un espectáculo.

P.N. Arribes de Duero (II)


Curioso sitio donde la encina decidio echar raices hace casí 200 años. Esta encina centenaria nació en la grieta de una falla, y aunque ahora está cerca del agua, cuando empezo su crecimiento, el rio estaba más de 50 metros abajo, ya que el nivel actual se debe a la presa que hay más abajo.
La bellota tras caerse de su encina progenitora, bajo rodando hasta que la grieta de la falla hizo que su descenso quedase detenido. No es la única especie que podemos encontrar, también hay enebros, fresnos, y una planta endémica, el dragón de Arribes.
El microclima que se crea alrededor del río, no sólo ayuda a que exista un caldo exquisito con denominación de origen Arribes de Duero, sino también algo que sorprende por el clima general de la zona: olivares, tambien con un aceite de calidad acrredor de su denominación de origen.

P.N. Arribes de Duero (I)


Tenía unos días de vacaciones pendientes de las navidades, y cómo iba a subir a la anual compra de embutidos ibéricos y quesos zamoranos, pues aprovecho para hacer un poco de turismo, y de paso desconectar del trabajo, de los ordenadores, de Internet, etc.
Estaba estás fiestas leyendo con la tele puesta de fondo, y al levantar la vista estaban poniendo un reportaje sobre Arribes de Duero en La2 (sí, soy de los que ve documentales), así que tras verlo, me fui directo a buscar información de hoteles rurales por la zona en Internet, y así encontre uno en Fermoselle (en la provincia de Zamora).
Una de las cosas que se pueden hacer en la zona, es recorrer en un crucero medioambiental el río Duero, y como el tiempo no acompaña en Fermoselle, pues me subo unos kilómetros a Miranda do Douro.
Esta foto la hice esperando la hora de salida del barco.